MENSAJE DE NAVIDAD – + William Downey, Obispo Regionario 12/24/03
¡Aclamad! ¡El Príncipe de Paz del cielo ha nacido!
¡Aclamad! ¡El Hijo de la Virtud
ha nacido!
Luz y Vida a todos los seres ha
traído
Con alas sanadoras ha ascendido
Dulcemente su gloria
derramando por doquiera,
Nacido para que el
hombre ya no muera,
Nacido para que los hijos de la tierra puedan
crecer.
Nacido para darles un renacer.
¡Oíd, los Angeles lo anuncian en canción!
Nos reunimos de nuevo para celebrar el Misterio de la Encarnación, el Nacimiento de Nuestro Bendito Señor, la Natividad del Niño Cristo, la venida de la Luz al Mundo, la Manifestación del Verbo.
La Iglesia Católica Liberal ha enseñado desde su comienzo una forma de Teología de la Encarnación que es una expresión de la Sabiduría Eterna enseñada por siglos por Sabios y Santos y al mismo tiempo es una expresión mas reciente que la mayoría de los mas recientes desarrollos en el contemporáneo pensar religioso.
En nuestro esfuerzo para observar y comprender la Verdad Oculta existente en todo lugar y tiempo, nosotros investigamos muchas fuentes, una de las cuales es las Sagradas Escrituras.
Se nos ha enseñado que la mayoría, si no todas las historias de las Sagradas Escrituras, contienen en ellas símbolos y representaciones que pueden ser interpretadas en muchos diferentes niveles. Según uno de nuestros primeros Obispos, la mayoría de los relatos pueden ser interpretados hasta en siete niveles diferentes.
La Natividad puede estar relacionada con el origen de nuestro Universo manifestado y el Descenso del Segundo Principio Divino dentro de la materia, a lo cual nosotros referimos con gran reverencia como el Sacrificio Cósmico, el Cordero sacrificado desde la fundación del mundo. Un método de ver al Mundo en que vivimos como una verdadera expresión de la Deidad en Quien todas las cosas viven, se mueven y tienen su ser. Es una manera de percibir nuestro medio ambiente como una expresión de la inminencia de Dios.
De la misma manera, el Nacimiento del Cristo se puede relacionar al nacimiento histórico de Jesús como cumplimiento de la profecía y la preparación de un vehículo para el Cristo para la reparación o expiación de la humanidad. En este nivel vemos el vasto, grandioso, abrumador e irresistible Amor de Dios hacia la Humanidad.
Podemos percibir dentro de la riqueza de esta historia la revelación de un modo de realización a través de los Portales de Iniciación para individuos que han escogido el noble sendero siguiendo al Maestro. Este sendero y los pasos relacionados a lo largo del Camino revelan el Potencial Divino que existe para todo individuo y en fin para toda la humanidad. Se dice que aquel que entra en el Sendero despues de haber recibido la Primera Iniciación así encuentra su propio Dios interior cara a cara y se les refiere como Nacidos de Nuevo. Este es el significado de la letra del villancico: “Nacido para que los hijos de la Tierra puedan crecer. Nacido para darles un renacer.”
Además de estos niveles de interpretación, no le hacemos prejuicio a este Gran Misterio si consideramos el Nacimiento de Cristo como el descubrimiento, revelación y expresión del Cristo en cada uno de nosotros como individuos. Como cosa práctica puede que sea el método por medio del cual podremos descubrir la realidad de todas las otras Verdades ocultas en este gran y misterioso drama. San Pablo nos hablo del “Cristo en tí, la Esperanza de Gloria”. Es el Cristo en nosotros que podemos, si queremos, encontrar en el centro de nuestro ser. Oculto como si estuviese en la caverna de nuestro corazón. El hecho de que no había espacio en la posada para ellos nos indica que la chispa espiritual de lo divino no se puede encontrar en el atropello y el bullicio del Mundo y su tipo de sabiduría. El Mundo externo jamás brindará espacio para la realidad interna. La Luz nace en la tranquilidad del pesebre del corazón. Este mismo Principio Crístico crecerá y se fortalecerá. El será presentado por el Principio Materno o Alma en el Templo y mas tarde será hallado por este mismo Principio en el trabajo de “estar en los asuntos de Su Padre.” Esta misma naturaleza Crística calma las olas de la tormenta, camina sobre el agua, así demostrando el dominio del Ser Superior en control de la naturaleza emocional. El es el sanador interno, que expulsa los demonios del miedo y la duda y sana a los enfermos y levanta a aquellos cuyos corazones parecen muertos.
Para cada uno de nosotros iniciados en el Cristianismo, esta celebración de Festival de la Encarnación siempre señala nuestro envolvimiento en esta experiencia a la cual llamamos Vida. Tal como los Evangelios representan a Nuestro Señor Jesucristo como una completamente bien integrada persona, también nosotros estamos llamados a seguirle como completos y auténticos seres humanos. Jesús no encarnó como una persona “Fingida” como Superman enmascarado como Clark Kent. El estaba dedicado y participaba personalmente en toda situación y en todas sus relaciones. Jesús tomó un interés activo en el bienestar físico, social y emocional de todo el que lo conoció. Jesús no era divisivo y esa no era su manera hacia al mundo. La lección que vemos en la vida de Nuestro Señor no es que El proveyó una substitución para nosotros para satisfacer un imaginario plan de retribución Divina. Por el contrario, Su vida provee un método por el cual hallamos nuestra entrada en la Vida Divina que es nuestra herencia como hijos e hijas del Más Supremo.
Nosotros siempre debemos de mantener en mente la idea de Unidad en que nosotros estamos conectados en los niveles más altos y profundos de nuestro ser. Este entendimiento y comprensión de nuestra conexión es lo que determina nuestra actitud y relación con otros y con el mundo en que vivimos. El desarrollo de este unificador método de relacionarnos causa una reconciliación, integración y Paz. San Pablo no nos exhorta a darle a Cristo pre-eminencia “sobre” o “mas allá” de todas las cosas sino “en todas” las cosas (Colosenses 1:18). El ver a Cristo en todo, responder a El en todo y reverenciarlo Todo. El verbo se hizo carne, y como la sal y la levadura, Inter.-penetró todo en la vida; los Cristianos deben de hacer lo mismo. La ética de la Encarnación es unificadora e integrante.
Cada uno de nosotros, que hemos venido esta noche a adorar en el pesebre a este nuevo Nacimiento de Luz, seremos, si nos dejamos ser, transformados por la Luz. Cuando nos miremos y nos relacionemos como partícipes de la misma Luz nos relacionaremos a la Vida desde una perspectiva diferente. Antes del despertamiento de la Luz Crística funcionamos predominantemente a lo largo de una corriente horizontal de evolución. Con eso quiero decir que REACCIONAMOS a la vida instintivamente. En cuanto la Luz nace en nosotros, comenzamos a funcionar y relacionarnos a toda la creación a lo largo de una línea vertical de conciencia. Ahora, en vez de ciegamente reaccionar instintivamente, nosotros RESPONDEMOS.
Que cada uno de nosotros descubramos la Luz interior que engendra Buena Voluntad, es decir, una Voluntad que se esfuerza hacia el Bien y entonces uno manifestara la Paz que viene a aquellos de Buena Voluntad.